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EL GAUCHO ARGENTINO

12 septiembre, 2010

La ropa del gaucho

La ropa del gaucho fue cambiando con quitas y agregados. En los principios, el gaucho de la pampa guardaba todavía semejanzas con sus predecesores inmediatos: el vaquero andaluz y el beduino errante.
Más tarde fue admitiendo cambios que se vieron en la indumentaria, en sus costumbres cotidianas y hasta en el arreglo de su caballo.

Lentamente, se volvió “paisano”, y cuando llegaron los vascos, les impusieron la boina de Vizcaya, a los peones de faena. La rastra, sin embargo, siguió intacta, lo mismo que las espuelas, el cuchillo -caronero, facón o daga- y el poncho. Estas fidelidades indican pertenencia y son las señales de nuestra leyenda.

La boina fue reemplazando de a poco al sombrero  “serenero” la golilla y el norteño  “panza de burro”, pero indemnes  los gachos o chambergos de ala doblada y sujeta a la copa, de original confección española, como lo es de herencia el sombrero correntino, típicamente andaluz. No obstante las alteraciones de las épocas, ahí están los recados y rebenques que estuvieron siempre, y hasta el lazo, que fue orgullo en los primeros tiempos.

Juegos y Entretenimientos:

  • En la época del gaucho, la tierra se brindaba entera, con la sola amenaza de los malones indígenas. El gaucho alternaba sus  quehaceres rurales con algunos juegos y entretenimientos que aún hoy se practican. Son éstos juegos sociales, donde participan los jugadores y el público que los observa.
  • La sortija: en el juego de la sortija se pone  en evidencia la destreza del jinete. Entre dos postes se cuelga una pequeña argolla de metal. La tarea de los competidores es embocar, al galope, un palito de madera. Lo hacen a gran velocidad y generalmente deben pararse sobre los estribos para lograr mayor precisión.
  • La taba: el juego de la taba fue traído a éstas tierras por los españoles, aunque ya se conoce su existencia en la época de la roma clásica. Consiste en tirar al aire un hueso de vaca o carnero ( es el garrón de las patas traseras del animal ), como tiene una forma irregular según el modo en que caiga se determina el ganador.
  • Las carreras cuadreras: estas carreras eran a caballo y se denominan cuadreras porque se toma una cuadra como medida de distancia a recorrer. Son carreras cortas e intensas, para las cuáles los caballos eran entrenados con mucha dedicación.
  • El pato: es también una competencia entre jinetes. En ella se enfrentan dos equipos que corren tras una pelota de cuero con agarraderas. Antiguamente se utilizaban patos vivos, hoy se practica de manera menos violenta, pero continúa apasionando al público y competidores.
  • Truco: juego de naipes, posiblemente el que más difusión tiene en el país, tiene como interés no sólo el juego en sí, sino los floreos que a veces usan los jugadores para cantar envido y la flor. Para el primero, como se sabe, el puntaje máximo es treinta  y tres. Se anuncia entre otros con los siguientes versos:
  • Le garanto, sin cartear,
  • que tengo la del inglés,
  • de mayo y, con 33,
  • nadie me hace aturrugar.
  • El fogón: éste era un ritual común entre los paisanos, en el cual se acostumbraba a tomar mate alrededor de una fogón, cantando o simplemente conversando. Esta bebida siempre ha sido un puente de comunicación entre los hombres.
  • En el mate se comparte todo: desde el fogón hasta la yerba, desde la bombilla hasta la calabaza.
  • La viguela: la viguela, como denominaba el gaucho a la guitarra, compartía su vida nómade. Para interpretaciones en verso, en canciones y baladas, sola o acompañada por algún instrumento de percusión.

El tañido de la guitarra gaucha se caracteriza por el predominio de los tonos suaves, de allí la denominación de “la bordona” que se refiere a la zona más grave del encordado.

  • Poesía gauchesca: tiene sus orígenes en un modo de cantar popular: la payada.
    El hombre da campo acostumbraba a reunirse alrededor del fogón para recitar versos improvisados que acompañaba con su guitarra. Sus estrofas hablaban de la vida y las tareas rurales, del amor y la naturaleza.
    Los poetas gauchescos fueron hombres de vasta formación literaria que inspiraron en éste estilo, imitando su lenguaje y sus temas pastoriles.
    Bartolomé Hidalgo, autor uruguayo, fue quién inició el camino que tuvo muchos seguidores en la literatura rioplatense del siglo XIX.

El gaucho usaba sombrero blanco, gris o negro. Siempre con la cabeza atada. Sobre todo “presumiendo” llevaba chaqueta pero no andaluza sino de cuello parado y un poco curva, pues no se podía prender. Siempre adornada con trencilla formando picos o eses, y en los bolsillos laterales de la chaqueta la trencilla. Luciendo un pañuelo de seda de colores vivos. El cuello de la camisa siempre prendido.

El chiripa generalmente, de un pañete negro o azul celeste ribeteado con cinta y nunca pasaba de quince milímetros de ancho, pero el gaucho más armado llevaba chiripá de un reboso antiguo de colores vivos por la guarda de flores y gran fleco de un palmo de ancho, casi arrastrando. El calzoncillo ancho azulado con azul por la lavandera, cribo ancho y fleco angostito de dos centímetros o poco más, pero muy nutrido de hilos lo que lo hacía gordo.

El chaleco muy abierto, prendido muy abajo, con tres botones esféricos brillantes, y el género paquete (terciopelo o raso, y los pobres de cretona, que ya no se encuentra)

El pañuelo de la cabeza a veces forrando todo el cráneo, y otras como vincha; en el primer caso cayendo las puntas en confusión con el cabello largo, muy comúnmente rubio en el hombre porteño; no se afeitaron hasta que vino la Federación de Rosas, en cuyo tiempo no se usó más que el bigote solo o toda la barba larga.

Siempre puñal, cuchillo cabo guampa con birolas. Cuando era de plata lo usaban delante, a la derecha. La faja de atar el chiripá era ordinariamente de lana inglesa, muy conocida, pero algunos paquetes llevaban ceñidor de seda cochinilla, y como la de lana, colgaban las extremidades o sobre los glúteos o hacia la derecha. El calzoncillo tenía una serie de alforcitas muy estrechas desde muy abajo de la rodilla y después un cribo angosto (que llamaban embutido) y luego un gran cribo, después. del cual y antes del fleco, otro cribo angosto.

La bota era en los paquetes de gato, tan fina como la cabritilla y siempre blanca o con delantal blanco, con los dedos afuera, y los menos paquetes la de potro o yegua, muy descarnada pero con delantal blanco.

La espuela grande como la de aquí y los más afortunados en el juego, la usaban de plata, como la de aquí; más tarde el porteño tuvo por charra la espuela muy grande de plata, y la redujo a una espuela muy decente. El rebenque generalmente de mango corto con birolas, pero con zotera larga y ancha.

Era uso llevar el poncho muy bien doblado sobre la cabezada del recado por delante, y algunas veces en. el brazo, siempre muy bien doblado el poncho

Época de uso: 1820-1852

Gorro de manga (cualquiera de sus tipos) color rojo, o sombrero blando de copa, alas cortitas con barbijo.

Pañuelo al cuello, puntas media espalda.

Camisa con mangas flotantes, modelo ruso y pechera con florestas y nido de abeja.

Chaleco antiguo, coIor rojo, borde inferior recto, con solapitas, cruzado o derecho (que se llamaba “armador”), puesto sobre la camisa desprendido (sin blusa ni saco).

Faja pampa de puntas pendientes hasta medio muslo.

Tirador antiguo de paño o gamuza, bordado, rastra de dos patacones (o cuatro, dos yuntas de éstos).

Facón largo y trabuco o pistolas.

Chiripá colorado, negro o a franjas, más bien corto, sobrepasando en poco las corvas.

Calzoncillo cribado.

Botas de potro, cosidas en la punta o de “medio pie”.

Espuelas nazarenas, de plata o hierro.

Boleadoras a la cintura.

Variante. Las mismas prendas pero con chaqueta antigua, con solapitas, muy corta o a modo de frac, sin cola.

Época de uso: 1820-1880

Sombrero porteño, ribeteado, de copa redonda o hundida, marrón negro, lo mismo que panamá de copa y alas chiquitas.

Pañuelo de seda al cuello o en forma de albornoz, [también colocada bajo el sombrero, tapando la nuca].

Saco antiguo, de preferencia negro, [cortito, con cuatro botones y solapas cerradas arriba, con trencilla, de barracán o paño inglés (hombros a la francesa)]; 4 botones, cortito.

Chaleco antiguo, borde inferior recto, con solapitas, cruzado o derecho (que se llamaba armador).

Camisa común, sin cuello, de pechera con alforcitas.

Faja pampa.

Facón a la cintura. Puede llevar también trabuco o pistolas de fulminante.

Tirador con rastra de botones. [Puede ser de paño, bordado].

Chiripá negro, pampa o de “a pala”.

Calzoncillo cribado.

Botas de potro.

Espuelas de plata o hierro, de rodete (“nazarenas”).

(Este modelo puede llevar boleadoras a la cintura o no, y poncho al brazo o sobre el hombro).

Época de uso: 1860-1900

Sombrero porteño, ribeteado, de alas cortas (6 ctms. o menos), copa redonda, más bien alta, sin abollar, con barbijo.

Pañuelo de seda al cuello, llegando a media espalda.

Blusa “corralera” no muy corta, que llegue a la mitad o borde inferior del tirador (sin bordados) y de preferencia negra.

Camisa común, sin cuello, con alforcitas en la pechera.

Faja pampa o tipo vasco.

Tirador con rastra y monedas, de suela.

Cuchillo a la cintura o facón de pelea.

Chiripa de merino negro, largo (2 x 1.30 m) con ningún o escaso bordado.

Calzoncillo blanco, largo, de puño.

Bota porteña, de caña blanda, cortita, negra.

Espuelas nazarenas, de plata.

Poncho de verano al brazo. (Puede llevar boleadoras a la cintura).

Variante:

Sombrero porteño, ribeteado.

Blusa cortona, hasta el borde inferior del tirador, pero con bordes rectos, con “religiosa”, abierta a todo lo largo, menos en el cuello.

Chiripá negro o pampa.

Cuchillo a la cintura. Culero pampeano, colocado atrás, semicircular. cortito y con flecos (no pasa de medio muslo).

Tirador de suela o carpincho, con botones y rastra.

Bota fuerte (de becerro) o alpargatas antiguas con cintas 5,, medias de lana blancas con franja roja, estiradas hasta bajo de las rótulas.

VESTIMENTA GAUCHA
(1830-1834) – Arsene Isabelle



-El poncho es una vestimenta no menos indispensable para viajar por esas llanuras, porque preserva a la vez de la lluvia, del polvo, del calor y del frío. Es una pieza de lana o de algodón, o de lana mezclada con algodón, pero por lo general de lana, cruzada por anchas rayas de diversos colores; tiene siete palmos de ancho y doce de largo, con una abertura de un pie, en el medio, para pasar la cabeza.

El poncho que se parece bastante a la casulla de un cura, está revestido, por lo común, de una tela azul cielo, verde o escarlata. Hay también muchos ponchos de paño con un cuello levantado, pero sólo lo usan los ricos; la plebe lleva ponchos ordinarios fabricados en el interior.

Es también necesario, si quiere ser bien visto, ser tratado en amigo por los gauchos, agregar al poncho el chiripá, los calzoncillos, las botas de potro, y las espuelas monstruos. El chiripá es también una pieza de lana roja, azul o verde, y nunca de otro color, que se pone alrededor de los riñones y que cae más abajo de las rodillas como una túnica, sujetándose sobre las caderas por medio de un cinturón de cuero, que deja pasar en la espalda un cuchillo envainado. Algunas veces, los novios o los enamorados se hacen un chiripá con el chal de su amada; entonces se los ve, con la guitarra en la mano, improvisando, sobre

cantos de iglesia, versos rimados que cantan a la puerta de su china o de una pulpería.

El calzoncillo es un largo calzón blanco a franjas o bordado en su parte baja; las botas de potro se fabrican con la piel, sin curtir, de las piernas del caballo, de manera que los dedos queden libres; la curva de la pierna forma el talón de la bota. Otros, principalmente en Entre Ríos, se sirven de pieles de gatos salvajes (botas de gato). Sucede a menudo que un gaucho mata un potro tan sólo para hacerse un par de botas. Raspa bien la piel con su cuchillo, siempre muy afilado; después soba las botas con las manos, siempre sobando, hasta que están bien suaves.

El tocado del gaucho consiste, en la Banda Oriental, en un sombrero redondo de anchas orillas planas; y en Buenos Aires, en un sombrero muy pequeño, de alta copa, de estrechos bordes, colocado de costado sobre un pañuelo anudado como pañoleta bajo el mentón; el sombrero, encajado apenas sobre la cabeza, se sostiene por una cinta negra. Gran número de gauchos, tanto en la Banda Oriental como en Buenos Aires, llevan un bonete frigio, rojo, revestido de verde y adornado con cintas tricolores en su extremidad. La chaqueta, pequeña casaca corta como la de un marino, es azul, roja o verde, sea de paño y otra tela. En 1834, el partido de Rosas en Buenos Aires, había adoptado un traje muy pintoresco: chaqueta verde, chaleco rojo, pantalón blanco y sombrero redondo con una escarapela azul y blanca.

VESTIMENTA GAUCHESCA (1865-1868)
Richard Arthur Seymour


Una reunión de gauchos en domingo y principalmente si se celebran carreras de caballos o corridas de sortijas, etc., es espectáculo muy pintoresco.

La corrida de sortija es el juego favorito de los nativos en sus festividades, y consiste en lo siguiente: Se cuelga un pequeño anillo de un hilo y los competidores, con un palito en la mano, pasan a toda furia tratando de llevarse la sortija ensartada en él. Esto naturalmente requiere una gran habilidad y el jinete que lo logra, es saludado con aplausos recibiendo un anillo como premio a su destreza.

Al brillo de la escena, contribuyen poderosamente los vivos colores de las camisas de los concurrentes, con sus anchos cintos cubiertos de monedas de plata, sus largos cuchillos y arreos ecuestres, a veces de monedas de pura plata, ya que generalmente llevan en estas galas toda su fortuna.

El traje nativo consiste en un par de amplios calzoncillos ornamentados en su parte inferior y ribeteados con flecos, sobre los cuales se usa una prenda llamada chiripa, cuya forma se parece a la de un chal. Las dos puntas de éste, se sujetan con una faja alrededor de la cintura, colgando la parte del medio como, una bolsa y formando una especie de pantalón muy suelto. El chiripá, que puede ser de cualquier género, como lana, algodón, alpaca o paño, es de colores brillantes y tejido a rayas, pero aquel que generalmente se considera elegante, es hecho de paño negro ribeteado de escarlata, que luce muy bien con calzoncillos blancos y camisa roja. Botas de confección, con su parte superior roja o verde, úsanse en las grandes ocasiones, pero las que se ven los días de trabajo, son por lo general de cuero sin curtir, extraídas de las patas traseras de una yegua.

El garrón forma el talón, cercenándose la pata del animal justo sobre la articulación del nudo, de manera que, una vez cortada en redondo la piel de la parte superior de la pierna, toda ella puede sacarse de revés como un guante. Se le raspa (se lonjea) el pelo y se soba la bota a mano hasta que queda tan suave como una cabritilla. En la punta, queda abierto un orificio para el dedo gordo, que puede ser cosido si así se desea, pero lo habitual es que se vea asomar por él un dedo moreno. Es necesario atarse las botas de potro sobre la pantorrilla con ligas, pues no alcanzan a ceñir la pierna de uno.

Como el gaucho no tiene bolsillos en ninguna prenda de su atavío, siempre usa un ancho cinto de cuero, llamado tirador, con bolsillos que contienen cuanto él necesita: tabaco, papel de fumar, y eslabón y pedernal. Calzado atrás de este cinto, porta un largo cuchillo, completando su indumentaria, un pañuelo atado flojamente al cuello o alrededor de su cabeza bajo el sombrero, las boleadoras, sujetas en la cabecera del recado o abrazando su cintura, y el lazo, arrollado tras el apero.

Las boleadoras, usadas para apresar el yeguarizo cimarrón, avestruces o venados, consisten en dos grandes bolas de madera o piedra, forradas en cuero y unidas a dos sogas o tiras de cuero de igual largo, el que oscila entre tres o cuatro pies (noventa a ciento veinte centímetros). Al extremo de estas dos tiras, va unida una tercera, amarrada a otra bola más pequeña en su opuesto ápice. El gaucho toma las boleadoras por esta última bola, las revolea en torno de su cabeza y, a todo correr de su caballo, las arroja en dirección al animal que trata de capturar. Su blanco viene a ser las patas traseras del fugitivo y el paso a que va éste, pronto hace que las bolas giren y giren, hasta que dichos miembros quedan estrechamente trabados entre sí, ocurrido lo cual, indefectiblemente rueda por el suelo. Para avestruces y venados, empléense unas boleadoras más pequeñas, de plomo o hierro. Hay que tener mucha práctica para poder bolear un determinado potro o yegua entre una manada que huye sin desperdigarse.

El traje gaucho es muy cómodo en tiempo caluroso y nosotros muy a menudo lo usábamos. Tiene también la gran ventaja de su baratura, además que aguanta, mejor que un paño fino o fustán, el rudo trato que se ve obligado a darle el poblador en sus faenas.

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